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sábado, 8 de febrero de 2014

Cuento de tradición oral contado por mi padre: Nicolás Ortega Gonzalez


"Juanillo el oso"

Erase una vez un hombre que era tan fuerte que le apodaban el oso.
Juanillo pensó que se podría ganar la vida cortando leña y se echó al camino para ver si encontraba otros hombres como él para hacer una cuadrilla de leñadores.
Dicho y hecho.
En el monte siguiente halló un hombretón al que apodaban “el arancapinos”
Después de ver por sus propios ojos que el hombre era capaz de agarrar un pino y sacarlo de raíz le propuso:
-¿A ti te gustaría formar cuadrilla de leñadores conmigo?
-Y tú ¿qué me darás?
-Algo de comida y lo que saquemos repartido entre los que estemos.
-Pues contigo me he de marchar.

A una jornada de andar, vieron un hombre tan fuerte que, al sentarse, chafaba tanto un montículo de tierra que le apodaban “el allanacerros”.

Los dos, Juanillo el oso y el arracapinos, decidieron pedirle que se uniera al grupo:

-¿A ti te gustaría formar cuadrilla de leñadores con nosotros?
-¿Y qué me vais a dar?
-Algo de comida y lo que saquemos de la madera repartido entre los tres.
-Pues con vosotros me iré-

Así, contentos de haber formado la cuadrilla de hombres más fuertes de la redolada, marcharon a ocupar una caballa en el bosque y repartirse los turnos para hacer de comer, un día cada uno.

El primer día se quedó ha hacer de comer el arracapinos y, como eran hombres muy fuertes necesitaban comer mucho. Preparaban una gran olla con un saco de patatas, un cordero entero despiezado, cebollas, zanahorias y ajo. Cuando lo tenía todo en su punto, entró por la ventana un duendecillo con las orejas en punta y le dijo con voz fina pero resuelta:

-Dame tu comida.
-Y si no, ¿qué me harás?
Y el duendecillo, sacando un mazo mucho mayor que él, le dio golpes hasta dejarlo rendido.
Luego se comió toda la comida en un santiamén y se fue de nuevo por la ventana.

Al llegar Juanillo el oso y el allanacerros, y vieron la olla vacía y el arrancapinos en el suelo baldado de una paliza, le preguntaron:

-¿Qué ha pasado con la comida?
-Pues que ha venido un duendecillo así de pequeño -les relató haciendo la pequeña medida con el pulgar y en índice- y se lo ha comido todo y cuando he querido impedirlo me ha dado una paliza con el mazo...-dijo un poco avergonzado de haber sido derrotado por un ser tan pequeñajo.

-Pues mañana me quedo ha hacer la comida yo- dijo el allanacerros.

Así lo hicieron y, mientras Juanillo el oso y el arracapinos marchaban a su faena, el allanacerros se quedó preparando la olla. Con un saco de patatas, cinco cebollas, unos puerros y un cochinillo entero.

Cuando estaba todo a punto y desprendía un aroma que se olía a más distancia del bosque en que habitaban los tres hombres, entró de nuevo el duendecillo, esta vez por la puerta y preguntó:

-¿Me vas a dar tu comida?
-Y si no, ¿qué me harás?

Pumba y Pumba. Volvió a sacar el mazo y le dio al allanacerros una paliza de muerte. Luego se comió toda la comida en un plís plás y desapareció.

Al volver Juanillo el oso y el arracapinos, ya no les hizo falta preguntar:

-Ha venido de nuevo el duendecillo y se lo ha comido todo- de lamentaba amargamente el allanacerros...

-De mañana no pasa ese duendecillo- proclamó con decisión Juanillo el oso.

Así que a la mañana siguiente salieron a trabajar como pudieron (entonces no había baja laboral) el allanacerros y el arracapinos. Recomendaron a Juanillo el oso mucho cuidado y se fueron a su tarea de cortar leña.

Juanillo el oso preparó de nuevo una gran olla de comida: un saco de patatas, cebollas, ajos y borrajas, todo ello con una ternera bien hermosa.
Cuando la comida estuvo lista se escondió detrás de la puerta y nada más aparecer el duendecillo le quitó la porra y...

Pum... Una oreja de duendecillo menos. Se arrancó de un golpe.

Pum... La otra oreja de duendecillo fuera.

El duendecillo se fue quejándose mientras escapaba y dejando un rastro de gotitas de sangre.
Al volver sus compañeros de cuadrilla y ver que no había desaparecido la comida, dijeron:

-Hoy no ha venido el duendecillo ¿no?
-Claro que sí -contesto Juanillo el oso- aquí tengo sus dos orejas que se las he arrancado con su propia porra...
El arracapinos y el allanacerros no podían creerlo.

-Mirar, mirar -exclamó Juanillo el oso- por aquí se ve el rastro de gotas de sangre...
-¡Vamos a seguirlo! -convinieron todos...

Las gotitas de sangre llevaban ha un agujero en la tierra del que no se veía el fin. El único que se atrevió a bajar con una cuerda fue Juanillo y su porra.
Al llegar al final del largo túnel había una pequeña explanada con tres puertas.

-Vamos a ver lo que se esconde tras la primera- se dijo dándose ánimos a si mismo.

Al derrumbar la primera puerta de madera apareció un jardín, con frutales y una bella mujer morena que le advirtió:

-Ten cuidado viajero, hay un león que me tiene encantada en esta cueva.
-Y ¿donde tiene la fuerza?
-En la melena -le contestó ella.

Cuando salió el león, Juanillo el oso, le dió con su porra en toda su cabeza recubierta de melena marrón y espesa- El león desapareció.

La segunda puerta era de plata y al derrumbarla con su porra, Juanillo encontró un huerta en la que entre col y col no había lechugas si no que crecían piedras preciosas. También había una preciosa princesa con pelo de fresa que le advirtió:

-Aventurero, tienes que saber que un toro me tiene hechizada aquí en esta huerta.
-Y, ¿donde tiene la fuerza?
-En el rabo -contestó ella llena de temor.

Al aparecer el Toro bravo y empezar a rascar la tierra con las patas delanteras, Juanillo el oso, no se asustó. Le dejó pasar y al final le arreó tal golpe en el rabo que se lo arrancó. En ese momento el toro desapareció.

Al llegar a la tercera puerta de oro, dio un golpe y detrás había toda una selva tropical con frutas de oro colgando de la vegetación. También había una guapa joven morena que le aconsejó:

-Joven apuesto y valiente mozo, has de saber que me tiene hechizada en esta selva un gran gorila.
-Y ¿donde tiene la fuerza?
-En las manos

Al aparecer el enorme gorila Juanillo, sin darle tiempo a reaccionar le arrancó las manos con la que el gorila se estaba golpeando el pecho y el gorila desapareció.

Desde abajo del túnel gritó a sus compañeros de cuadrilla para que subieran con la cuerda todos los tesoros y a las chicas desencantadas. Cuando ya no quedaba abajo mas que él y su porra. Les dijo:

-Ahora voy yo y mi porra...

Pero solo ató a la porra, precavido.

A mitad camino sus compañeros dejaron caer la porra en la que de haber ido también Juanillo se habría matado.

-Eso me temía...  Estos ladrones, después de sacar todos los tesoros y a las mujeres, me dejaran aquí...

Juanillo se alimentó de lo que fue encontrando en las habitaciones pero cuando se le acabó la comida se echo mano al bolsillo y allí encontró las orejas del duendecillo.

-Ya que solo tengo esto me las comeré
Al primer mordisco se oyó un grito:

-Mándame y no me muerdas- dijo la primera oreja del duendecillo
-Vale. Sácame a mi y a mi porra de este agujero.

Dicho y hecho.
Al momento salieron volando Juanillo el oso y su porra fuera del agujero.

Mordió la segunda oreja y se oyó otro grito:
 
-Mándame y no me muerdas
-Pues llévame a mí y a mi porra donde estén esos ladrones del arracapinos y el allanacerros.

En un momento apareció en medio de una gran fiesta que habían montado sus antiguos compañeros de cuadrilla...
Allí estaban sus tesoros y las chicas bailaban contentas por su rescate.Había comida y bebida en abundancia para toda aquel que se acercara por allí.
Juanillo buscó a sus excompañeros y se tomó la justicia por su mano

Se quedó con todos sus tesoros repartiendo un cuarto con cada una de las tres chicas.

Y colorín colorado, este cuento por la chaminera se ha escapado.
***


viernes, 10 de enero de 2014

“LA NAVIDAD EN QUE RENACIÓ LA PAZ"

“LA NAVIDAD EN QUE RENACIÓ LA PAZ”*


Era Navidad, sí la Navidad del año  1999 –2000; del nombrado y renombrado año 2000.
En el, una pareja de paloma se refugiaba de la nieve en un viejo campanario, de una antigua ciudad. En esta celebraban que terminaba el siglo XX y comenzaba uno nuevo, el siglo XXI.
Pero a la pareja de palomas no le importaba eso. Ellos habían sentido el cariño a sus pichoncítos más intenso que ninguna otra pareja. Ahora sus hijos ya tenían una vida separada de ellos y les seguían queriendo.
Entre ellos existía un amor, como no habían sentido nunca otra pareja de palomas. Nunca se vio unas palomas como aquellas. Hasta el punto de que cada criada de polluelos, la sentían igualmente macho y hembra, al igual que las parejas de seres humanos muy unidos: y cada enfermedad, cada pequeño resfriado, la sentían los dos. Las demás palomas se quedaban perplejas al contemplar esto, simplemente no lo entendían.
Bueno, pues la pareja Amis y Dulce, por llamarlos de alguna forma se pusieron a recordar viejos tiempos. Sí, a recordar, porque también recodaban lo que les había pasado en anteriores temporadas, bien frías o calientes.
Probablemente eran las palomas con más memoria e inteligencia de todo el mundo y se lo habían pasado a sus hijos naturalmente pero hasta el momento, ninguno había llegado al nivel de sus padres.
Recordaban cuando se conocieron, precisamente en una Navidad y en ese mismo campanario. Los dos coincidieron al pensar que, seguramente, no habría más criadas de pichoncitos, que aquella seria la ultima.
Recordaron con añoranza la primera criada, sin duda había sido la más temídamente esperada.. La educción de los primeros polluelos no fue tarea fácil.. Entre los dos decidieron que ellos mismos cada día...
 
Continuará...
*Cuento de mi infancia, con el que conseguí un premio en mi pequeña gran ciudad, allá por el año ochenta y algo.
Pd.-Ya sé que el siglo XXI, en realidad, comenzó el 2001 pero...
 
***









martes, 26 de febrero de 2013

Caperucita geométrica

Hace muchos, muchos años, en un pueblecito donde todo eran formas geométricas, vivía una niña a los que todos llamaban Caperucita Cuadrada porque, su abuelita Dª Recta se había inventado una capa con capucha cuadrada queriendo imitar a Agata Ruiz de la Prada...


Su madre la llamó desde la cuadrada ventana de su cúbica casa:

-Caperucita, Caperucita cuadrada, ¿Qué se te olvidó? ¿No le llevas a tu abuela la maqueta de Moneo que le ha llegado hoy por correo?

-¡Así mamá! Gracias por recordármelo. Si no se la llevo, a la abuelita le da un mareo.

-Pero no te entretengas con las piedrecillas cuadradas del camino... Y cruza a prisa el bosque. Ya sabes que allí no hay formas geométricas y no te puedes fiar de los seres de la naturaleza... no hay forma de medirlos y nunca se sabe como van a actuar...

-Si mamá, no te preocupes...

Y caperucita salió tan contenta saltando y bailando por el recto camino que más adelante se adentraba en el bosque, volviéndose sinuoso a medida que entraba en la naturaleza mas salvaje...


(Continuará)

domingo, 25 de noviembre de 2012

El cuento prometido: "La Pajarita de las Nieves"

"La Pajarita de las Nieves"
Versión mía del cuento tradicional contado por el abuelo Nicolás Ortega



Erase una vez, una Pajarita de las Nieves que iba andando tranquilamente, cerca de un río, cuando empezó a nevar.

Un Copo de Nieve cayó y le rompió la patita.

La Pajarita, toda enfadada, fue a ver a la Nieve y le preguntó:
-Nieve, ¿eres tan fuerte que, con uno de tus copos, me has roto la patita?
Y la Nieve le contestó:
-¡Más fuerte es el Sol, que me derrite!

Así que la Pajarita se fue volando hacia el Sol y, procurando no acercarse demasiado, le preguntó:
-Sol, ¿eres tan fuerte que derrites la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Sol le contestó:
-¡Más fuerte es la Nube, que me tapa!
.
Así que la Pajarita se fue volando hacia la Nube y le preguntó:
-Nube, ¿eres más fuerte que el Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y la Nube le contestó:
-¡Más fuerte es el Viento, que me arrastra!
.
Así que la Pajarita se fue hacia el Viento y le preguntó:
-Viento, ¿eres más fuerte que la Nube, la Nube que tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Viento le contestó con un soplido:
-¡Más fuerte es el Muro, que me para!

Así que la Pajarita se fue hacia el Muro y le preguntó:
-Muro, ¿eres más fuerte que el Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, que el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Muro contestó:
-¡Más fuerte es el Ratón, que me agujerea!

Así que la Pajarita se fue hacia el Ratón, que en ese mismo momento estaba intentando socavar un nuevo agujero en el Muro y le preguntó:
-Ratón, ¿eres más fuerte que el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Ratón contestó:
-¡Más fuerte es el Gato, que me caza!

Así que la Pajarita se fue hacia el Gato que, escondido tras un arbusto, estaba intentando pillar al Ratón desprevenido (algo que nuestra Pajarita evitó, por el momento) y le preguntó:
-Gato, ¿eres más fuerte que el Ratón, el Ratón que agujera el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Gato contestó, un poco molesto porque se le hubiese escapado el desayuno:
-¡Más fuerte es el Perro, que me persigue!

Así que la Pajarita se fue hacia el Perro, que estaba intentando echar una siestecita pues, acababa de comer y le preguntó:
-Perro, ¿eres más fuerte que el Gato, el Gato que caza al Ratón, el Ratón que agujera el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Perro contestó:
-¡Más fuerte es el Palo, que me pega!

Así que la Pajarita se fue hacia el Palo y le preguntó:
-Palo, ¿eres más fuerte que el Perro, el Perro que persigue al Gato, el Gato que caza al Ratón, el Ratón que agujera el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Palo contestó:
-¡Más fuerte es el Fuego, que me quema!

Así que la Pajarita se fue hacia el Fuego, presente en una hoguera cercana y le preguntó:
-Fuego, ¿eres más fuerte que el Palo, el Palo que pega al Perro, el Perro que persigue al Gato, el Gato que caza al Ratón, el Ratón que agujera el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Fuego le contestó, con aliento de llama:
-¡Más fuerte es el Agua, que me apaga!

Así que la Pajarita se fue hacia el Agua del río, donde todo este viaje había empezado y le preguntó:
-Agua, ¿eres más fuerte que el Fuego, el Fuego que quema a el Palo, el Palo que pega al Perro, el Perro que persigue al Gato, el Gato que caza al Ratón, el Ratón que agujera el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Agua le dijo:
-¡Más fuerte es el Buey, que me bebe!

Así que la Pajarita se fue hacia el Buey, que pacía rumiando en un prado cercano y le preguntó:
-Buey, ¿eres más fuerte que el Agua, el Agua que apaga al Fuego, el Fuego que quema a el Palo, el Palo que pega al Perro, el Perro que persigue al Gato, el Gato que caza al Ratón, el Ratón que agujera el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y el Buey le dijo, después de tragar la papilla en la que había convertido a las briznas de hierba masticada:
-¡Más fuerte es el Humano, que me domestica!

La Pajarita buscó, con más miedo que a ningún otro ser con los que había hablado hasta ahora, y vio a una chica qu,e con unos prismáticos, precisamente, la estaba mirando a ella:
-Humana, -le preguntó con un hilo de voz- ¿eres más fuerte que el Buey, el Buey que se bebe al Agua, el Agua que apaga al Fuego, el Fuego que quema a el Palo, el Palo que pega al Perro, el Perro que persigue al Gato, el Gato que caza al Ratón, el Ratón que agujera el Muro, el Muro que para al Viento, el Viento que arrastra la Nube, la Nube tapa al Sol, el Sol que derrite la Nieve que mi patita me rompió?
Y la Humana, con una sonrisa que tranquilizó a la Pajarita, le dijo:
-No sé si soy más fuerte que todos ellos, pero sí creo que más inteligente. Ven aquí que intentaré curarte la patita...

Y mientras le curaba le contó con voz dulce:
-Los humanos somos más inteligentes, qué duda cabe. Hasta hemos inventado un artilugio para ir a la Luna o una medicina que puede curar lo que antes era mortal... Pero hay alguien o algo que nos supera a todos con creces. Está muy triste de que, el ser más inteligente de la Tierra, se comporte de una forma tan tonta, destruyéndola. Es la Naturaleza, de la que todos formamos parte.

-Vete a verla y convéncela para que nos dé una oportunidad más. No todos los humanos nos comportamos como los dueños y señores del mundo, agotando sus recursos y destruyendo a sus herman@s. Y también puedes ir a contárselo a los niñ@s que son nuestra esperanza.

Así que desde entonces, la Pajarita de las Nieves, Engañapastors o Lavandera, se ha convertido en la mensajera de la Naturaleza. Así que, si cerca de algún río o un día en que la nieve haya cubierto el lugar donde vives, ves una de ellas caminando a saltitos con sus dos patitas y sus dos colores: negro y blanco, escucha atentamente porque, quizá te cuente este mismo cuento.

Y este cuento se ha acabado y por la chimenea ha volado.

***



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Erase una vez una mujer cualquiera

Erase
una vez
una niña
que sufría al ver a la gente
viviendo en garajes
Tirada en el suelo
pidiendo monedas
en un pañuelo

Erase
una joven
que veía claramente
que el único interés
que debía primar
no era el del dinero

Que había que mirar a medio
y a largo plazo...
Que no éramos herederos
sino depositarios

Erase una mujer
que perdió el norte
se perdió en su propio interior
y se olvidó del exterior

Erase una vez
una mujer madura
que renació de sus cenizas
encontró en su crisis
una oportunidad
y se llenó de energía
para dar
y
recibir

Erase una viejecita
que al mirar atrás
se sintió orgullosa
del camino realizado
porque, al menos,
no se había parado.

***
Algunos cuentos terminan haciéndose realidad. Sobretodo si creemos en ellos y trabajamos para ello.

domingo, 21 de marzo de 2010

Cuento: El gato, el ratón y su estrategia

Foto sacada de Gran Angular blog

Un gato sale por una grieta en la lápida del cementerio.



En la boca lleva un ratón con el corazón todavía palpitante.


Lo deja con delicadeza en el suelo.


El ratón no mueve ni un bigote.


Parecería muerto si no fuera por los brillos que su respiración produce en su pelaje.


El gato tampoco se mueve.


Espera aparentemente distraido pero sin perder ojo a su presa.


El combate de permanecer sin moverse se prolonga en segundos eternos.


El gato, aburrido con su propio juego, decide animar a su presa con ligero toque de las almohadillas de su pata delantera.


El ratoncillo da un brinco e inicia la carrera.


Es una carrera corta pues no tarda en darle alcance su sádico cazador.


Lo vuelve a dejar en el suelo para iniciar de nuevo el cruel juego.


El ratón tiene pocas posibilidades de huir pero lo seguirá intentando.


Ante las tres estrategias para enfrentarse a un peligro elige las dos primeras: quedarse quieto o huir.


La tercera está reservada para sus parientes de más tamaño: las ratas.


¿O podría él, un pequeño ratoncillo de campo, emplearla?


El gato recibe un mordisco en la almohadilla de la pata con la que pretendía iniciar el movimiento de su presa.


El ratón utiliza de nuevo la segundo estrategia y logra huir ante el desconcertado gato.




Y, en este cuento, el gato acaba lamiéndose la herida que le propinó el ratón que decidió cambiar de estrategia y enfrentarse y luchar contra su enemigo.




P.C.: Si alguien tiene a bien decirme como mejorar este cuento... no prometo hacerle caso pero quizá me ayude a mejorar y se lo agradeceré igual. Por ejemplo: la última frase del cuento, estilo moraleja, sobra ¿no?




P.C.= Post Cuento

miércoles, 27 de enero de 2010

Curso Cuenta Cuentos


Antes, los cuentos, los escuchaba toda la tribu. Ahora solo son para los niños.


Eso que nos perdemos. Algunos siguen intentándolo con algo que les ha dado por llamar "oralidad".

Yo estuve en un par de cursos con Garzón, aprendiendo mucho de la transmisión y la sabiduría que encierra la transmisión oral. Pero también fue una gran desilusión para mi. No tengo concedido el don de la palabra y lo que en principio me parecía algo maravilloso se convirtió en algo para lo que tuve que reconocer no estar hecha.
Siempre se aprenden cosas y se transmiten, quieras o no quieras.

martes, 26 de enero de 2010

El escritor nace


Nace con esa inquietud de querer transmitir su vivencia, su imaginación, sus pensamientos a través de la escritura.

No creo en que se pueda enseñar a ser escritor. Pero puedes aprender otras muchas cosas. Y como siempre, la vida es la mejor escuela.
El otro día amaneció por casa un cuaderno con un pequeño curso de tres días (hoy le llamarían taller, seguro) que dio un tal Federico. No apunté el apellido pero si hice un boceto de este curioso personaje de aspecto marinero que se saltaba la regla de prohibido fumar en la casa de la cultura que lo dimos tan campante.
Esto era en Abril del 2000 con lo cual yo estaría embarazadísima de Alba, que nacería 16 días después.
El resultado del ejercicio de hacer caperucitas verdes, amarillas, cuadradas o geométricas les encanta a mis hijas que sienten predilección por la cuadrada.
A ver si logro terminar, de una forma que no sea oral, este principio en el que sale hasta Moneo...

miércoles, 6 de enero de 2010

MONEO



Os quiero regalar un cuento para esta noche de reyes:


Habíase un cura de ciudad grande pero parroquia pequeña al que le encantaba el arte moderno. Tenía que hacer su parroquia en un barrio nuevo, de casas recién estrenadas en lo que antes, mucho mucho antes había sido un lago que daba al mar, luego el meandro del río Urumea y ahora un barrio llamado Riberas de Loiola.

Este cura tenía un amigo al que no le daba miedo nada. Creía en el poder de los sueños y esa era su mejor arma.

Puestos a soñar, se dijeron los dos amigos, nos gustaría que la nueva iglesia la construyera Moneo.

Y dicho y hecho. Sin un duro en el bolsillo se fueron a ver a Rafael Moneo que les recibió muy gustoso:
- No faltaba más, les dijo, me encataría entrar en este proyecto
¿Y la pasta? os preguntareis
Pues la pasta es lo que menos importa le decía el amigo, al que bautizaremos con el nombre de Juan.
Juan se puso a buscar aquí y allá y encontró financiación para su ambicioso (¿imposible? ya veremos) proyecto...
Y lo consiguió (total con poner un supermercado en el terreno y alquilar unas cuantas plazas de parking lo tenemos todo solucionado...)
Y fueron pasando los años.
Ellos perseveraron.
Primero tuvieron una maqueta de Moneo que ir enseñando a los que todavía les decían que era un proyecto descabellado...
Luego vino la primera piedra
Y ahora están a punto de inaugurarla
Lastima que les falte lo básico: gente joven que viva su proyecto como propio y haga parroquia desde abajo...
Pero eso ya es otro cuento
Besos, todos los posibles
Y que los reyes sean buenos con vosotros, como vosotros lo habéis sido con el mundo donde vivimos

domingo, 26 de abril de 2009

Gurrundué

Esta noche hemos tenido al mismísimo Gurrundué en la tremenda tormenta de esta noche. Gurrundué (cuyo nombre hemos cogido prestado a una montaña del Pirineo) es un gigante inventado que intentando salvar a un rebaño de ovejas asustadas en una tormenta acaba con final trágico... pero las nubes recuerdan su hazaña en las noches de tormenta repitiendo su nombre:
-¡¡Gurrundueeeee!! ¡¡¡Gurundueeee!!! ¡¡Gurundueeeeee!! ¡Gurrundueeeee! Gurrundueeeeeeeee
Algún día (a ser posible no lejano) he de ponerme a la tarea de pasar a palabras escritas esos cuentos orales familiares que ya son clásicos en el pequeño ámbito de nuestro hogar. Hay toda una serie de capítulos de otro personaje llamado Plantinator que enmudecería las correrías del mismísimo Harry Potter (es broma) Son cuentos sencillísimos pero que consiguen que nuestras hijas se olviden del esfuerzo extra que supone caminar por la montaña para "no ir a ningún sitio". Y por ello solo ya han cumplido su objetivo, si es que los cuentos necesitan tener algún objetivo que yo, sinceramente lo dudo mucho.
Besos de cuento y de mañana tras la tormenta.

jueves, 5 de marzo de 2009

Erase una vez

En una serena mañana de un Junio soleado y tranquilo, pintando acuarelas distraían los días los habitantes de esa villa. Pero algo les estalló en las narices sin permitirles mirar a otro lado. Y en las narices les estalló, nunca mejor dicho, porque el olor que traía el río inundaba toda la villa como si, de repente, hubieran caído en una alcantarilla.
Todos se pusieron a protestar:
-Pero, ¿de donde viene esa peste?
Algunos se encerraron en casa, otros se pusieron a comprar todo el arsenal que pudieron encontrar de ambientadores y demás. Otros se mudaron de localidad. Los hay incluso, que dejaron de oler:
-Total para lo que hay que olfatear
Pero se quedaron también sin gustar... (esto daría para otro cuento singular)
Pero otros, solo unos pocos, se pusieron a buscar.
Llegaron a la orilla del río pero eso era pan comido.
En la orilla todos se pusieron a discutir del posible motivo de semejante pestilencia hasta que alguien dijo:
-Porque no seguimos buscando en lugar de seguir especulando
Pero la mayoría miró para otro lado. Tenían cosas mejores que hacer, más importantes, más urgentes, más inaplazables, o simplemente otras cosas como ver como salía la noticia en la tele.
Total que solo unos pocos de esos pocos siguieron río arriba. De hecho, eran tan pocos que solo eran dos:
Una chica, llamada Esperanza, que era la que había hecho la pregunta.
Y un chico, llamado Salvador, que se había ofrecido a acompañarla y aunque solucionar el problema le importaba de veras, estaba más motivado por un brillito que había descubierto en la mirada de Esperanza y por un latido secreto de su corazón.
Las demás gentes preocupadas, muy informadas e importantes, muy mediáticas e influyentes allí se quedaron en la orilla discutiendo (y esperando que vinieran los de la tele a grabarlos)
Esperanza y Salvador fueron río arriba sorteando bolos de río, ramas de sauce, terrenos pantanosos con carrizos terminados en suaves peluches.
Salvador quebró uno de aquellos juncos y comenzó a hacer cosquillas en la cara a su hasta entonces seria acompañante. Ella se rió y luego estornudó cuando una de esas semillas que desprendía se metió en su nariz.
-Lo siento... -comenzó a disculparse él.
-No importa, espero no tener alergia también a esto porque ultimamente parece que las colecciono.
-¿Y quién no tiene alguna alergia ultimamente? Debe tener que ver con lo que le estamos haciendo a la tierra. No podemos contaminar sin parar y creer que nada de eso nos va a afectar...
-Estoy contigo
Hablaban como si se conocieran de toda la vida. No en vano tenían intereses parecidos pero no era solo eso, al fin y al cabo todos tenían interés por la vida, sino que ellos lo perseguían de manera similar.
El cauce del río se hacía cada vez más estrecho y más rápido. El terreno más difícil de sortear. Salvador pasó a ir primero, posición que hasta entonces ocupaba Esperanza y, de vez en cuando, le daba la mano para sortear un paso difícil. En estas ocasiones se ponía colorado como un tomate ante el contacto de la mano de ella. Pero ella parecía no enterarse más preocupada en pisar con seguridad y no parecer una patosa. Pero en una de las ocasiones que le miró a la cara pareció descubrir un interés especial en su mirada y a ella también se le colorearon las mejillas de rojo Heidi.
En esos estados de turbación procuraban hablar de cualquier cosa para ver si se refrescaba su rostro o calmaba su pecho.
Y hablando, hablando, pensando, pensando, imaginando, imaginando y sintiendo, sintiendo llegaron al final de su camino: El nacimiento del río.
A lo que debería ser un idílico paisaje de montaña distaba mucho de serlo. El nacimiento del río estaba entubado. Rodeado de construcciones. El pasto de montaña (que no es césped, sino que tarda muchos años en formarse) no aparecía por ningún sitio. Toda la capa del fértil y diverso suelo había desaparecido. Solo había hierros y cemento. La tierra se erosionaba al no ser sujeta por vegetación alguna. Aquí y allá se veía árboles muertos, variedades de jardinería que habían querido plantar...
Todo estaba desierto y triste ¿quién iba a querer venir aquí?
Y el origen de todo ese olor, origen de esa aventura, estaba claro. Todas las cañerías iban a dar al río sin ninguna depuradora que se interpusiera en su camino.
-Bueno, aquí está la causa -dijo Salvador que se sentía extrañamente contento pese a toda la tristeza de alrededor.
-No -le corrigió Esperanza- la causa ha sido nuestra indiferencia ante este macroproyecto insostenible de urbanización de una estación de esquí que presentaron hace tiempo y al que nadie se opuso.
-Pero aun podremos hacer algo ¿no?
-Si, claro debo hacer honor a mi nombre
-Claro, siempre queda la esperanza.

Lograron que su villa volviera el olor de las flores pero no creáis que nadie se lo reconoció. Los que se quedaron a esperar a los de la tele salieron mejor parados. Pero eso no les importó. Su corazón no dejaba de latir, ni su inquietud de existir. Y juntos continuaron su camino intentando no quedarse nunca parados.
Y colorín colorado este cuento ha terminado con mejor olor del que ha empezado.

lunes, 9 de febrero de 2009

El jabalí Felipe

Erase una vez un jabalí solitario que andaba en el monte desenterrado raíces con su poderoso hocico.
Él se sentía a gusto. Estaba en su medio, en su habitad.
Un bosque que raramente era frecuentado por humanos. Esos que de vez en cuando venían con escopetas y olor a pólvora y de los que había que salir corriendo...
Pero hoy no era uno de esos días. La mañana, después de una noche lluviosa, había amanecido despejada. Olía a tierra húmeda, musgo y bojes frescos.
De las acículas de los pinos caían las gotas retenidas durante la lluvia. Pero a él no le importaba. En su duro pelaje las gotas resbalaban. Y a él el frío de la mañana le gustaba.
"Le hacía sentirse vivo"
Si tuviera una hembra para formar una familia, la mañana le parecería perfecta.
Solo pensar en eso e imaginarlo llegó hasta él el olor de una jabalí hembra.
Era lo más atrayente que había olido en su vida. No podía hacer otra cosa que avanzar en la dirección de ese olor.
Bueno, en realidad tenía muchas otras opciones en su vida:
*Intentar controlar su instinto y centrarse en el olor de las raíces y pensar:
"-Total, seguro que ya tiene un compañero..."

*Acercarse para observar a la hembra de lejos pero sin intención de hablar con ella:
"-Total, seguro que no quiere saber nada de un jabalí como yo"

*Acercarse y decirle alguna barbaridad para que ella se vuelva la espalda sin intención siquiera de contestarle...
"-Total, seguro que es una finolis..."

Pero sabía que eso solo eran excusas que ponía el miedo a enfrentarse con el sueño que la naturaleza, todo el universo, había puesto delante de sus narices (y nunca mejor dicho)
Así que hizo acopio de todo su valor y se acercó al olor de la que deseaba fuera su compañera para toda la vida... con la intención de conquistarla.
La hembra no estaba con ningún otro compañero.
No parecía finolis sino una buena hembra.
Y él solo podía pensar en que diría para conquistarla.
Pero ni siquiera hizo falta.
Él llegó y ella se dejó olfatear coqueta.
Luego se miraron y el amor surgió. Como surgen estas cosas, sin necesidad de dar más explicaciones. Porque las cosas que se sienten no necesitan de las palabras para ser explicadas, interpretadas o malinterpretadas.
-Tanto miedo -pensó el jabalí- y ¿para qué?
Y ¿sabéis que?
Los jabalíes formaron una familia con pequeños rayones que, de vez en cuando, jugaban a formar un ejercito de paz para ir a lavarse los dientes...

martes, 20 de enero de 2009

Historia del primer ser imaginador

Erase que se era
el ser
primigenio
que era igual que tú,
igual que todos.

Este ser
se puso a imaginar
Y a partir de ese momento
empezó
a cambiar
todo.

Primero
se imaginó
la luz
y vio.

Luego se imaginó
la música
y escuchó.

Entonces se imaginó
la suavidad
y tocó.

Seguido se imaginó
besar
y probó.

Después se imaginó
oler su creación
y sintió.

Sintió que había
creado un mundo
para disfrutarlo
con los cinco
sentidos

No se conformaba
con verlo desde fuera
escucharlo,
tocarlo,
gustarlo
u
olerlo.
Tenía que participar en el.



Así que se zambulló
en su mundo
imaginando su propia historia
y como él quería
vivirla.

Y ¿sabes una cosa?
El cuento que ahora te cuento
sigue siendo realidad en este momento

Imagina tu vida
como desees vivirla
Y no hagas caso de los que te digan
que olvides tus sueños
y los tires a la basura
Son solo envidiosos
nublados por su amargura
de no haber tenido el coraje
de seguir sus propios sueños.

Y colorín, colorado,
este cuento,
para ti solo
ha sido contado.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Un cuento



"El príncipe Escarcha y la reina de las Nieves"



Hoy, en el reino del invierno, se respira un aire denso... El príncipe Escarcha y a la reina de las Nieves andan con el estómago revuelto y las piernas flojas.
Tienen una cita secreta donde el río se transforma en lago. Allí donde les pareció verse por primera vez aunque se conocieran desde siempre.
Pero dejémoslos con sus nervios más propios de adolescentes y retrocedamos en el tiempo...



Desde tiempos que ni él más viejo recuerda, han gobernado la época invernal la reina de las Nieves y el rey consorte del Hielo. El príncipe Escarcha y la princesa Carámbano saben que solo pueden aspirar a gobernar efímeramente, en funciones, cuando a los reyes les corresponde hacer algún viaje diplomático para llevar sus frías consecuencias a lugares más cálidos y menos acostumbrados a los rigores del invierno...
En una de esas ocasiones, el príncipe Escarcha se despertó temprano. Miró a su lado a la princesa Carámbano que dormía dulcemente con su camisón de raso azul, con sus moñitos en forma de cono por toda su cabecita y su sonrisa, y no quiso despertarla. Además, todo hay que decirlo, en cuanto abría sus brillantes ojillos azules no paraba de hablar... Y él hoy necesitaba silencio. Silencio para su gran obra. Ya que iba a gobernar por un día, lo quería hacer lo mejor posible, lo mejor que pudiese.

Comenzó por escarchar las briznas de hierba que quedaban verdes, cubriéndolas de un collar de blancos cristalillos. Luego, subió por los tallos de las gramíneas que, pese a estar secas desde el verano, se mantenían erguidas y orgullosas. Con ellas de entretuvo un poco más convirtiéndolas en verdaderas esculturas de estrellas de hielo.


Luego pasó a los árboles a los que cubrió con tanta escarcha que parecía que hubiese nevado. Además la escarcha aportaba un brillo especial que los hacía parecer mágicos.
Por último se dirigió a su rincón favorito. Un remanso en el río producía un pequeño lago rodeado de viejos y majestuosos árboles.
Comenzó a pasearse por la orilla haciendo que sus cristales puntiagudos de escarcha se bañaran en el agua. Rodeando así todo el lago, de una aureola blanca.

-Hasta aquí puedo llegar... Helar por completo el lago solo lo puede hacer el rey Hielo. Ojalá tuviésemos otro régimen más igualitario y libre -pensó- pero es tan cómodo dejarse llevar por la inercia de "lo que siempre había sido" Era tan difícil cuestionar lo que parecía eterno...

Recordó sus sueños revolucionarios de juventud y se sonrió. Entonces le movía el impulso secreto de impresionar a la fría princesa Carámbano, de la que estaba profundamente enamorado. Aunque sus sueños seguían siendo revolucionarios no sentía ya el antiguo impulso que le llevaba a ser osado, incluso un poco insensato. Eso era antes... ahora era un serio ser que había logrado conseguir el amor de la princesa y había pasado a formar parte del engranaje que antes combatía. Sentía que algo le faltaba. Él no acababa de encajar en ese engranaje.



Se sentó en el tronco de un árbol caído y contempló su obra. La verdad es que se sentía orgulloso. Le había quedado un bello paisaje. La luz del amanecer comenzaba a sacar los tonos de color al lienzo, hasta ahora, casi por completo en blanco y negro. Unas briznas de hierbas angostadas, bajo los árboles, se habían librado de la escarcha y aportaban el ocre y algún verde amarillento a la escena. Tampoco había podido llegar a unos juncos dentro del lago que, en sus bordes, eran de un marrón rojizo.



Casi no se percató de los pasos en la nieve que se oían tras de sí. Se volvió y vio una imagen que competía en belleza con su paisaje. La reina de las Nieves se acercaba envuelta en su mando. Por donde ella pisaba, el suelo y todo lo que este contuviera, se cubría de su blanco elemento. Llevaba puesta la capucha bordeada de suave piel blanca que contrastaba con sus negras cejas y pestañas. Le miró como si la contemplara por primera vez. Al cruzar la vista con ella y descubrir la admiración en ellos él supo que volvía a estar perdídamente enamorado. Estas cosas le pasaban de repente y conocía perfectamente los síntomas. El corazón parecía que se le quería salir del pecho. Le dolían los nudillos y las piernas le temblaban. Estaba muerto de miedo pero en cambio, en su rostro, se dibujaba una sonrisa. Era un amor imposible e insensato, por supuesto, pero él no podía evitar sentirlo...



Ella bajó su mirada. Había oído hablar del pasado revolucionario del príncipe y secretamente lo admiraba. A ella también le gustaría cambiar ese régimen en el que no se sentía ella misma pero había tantas cosas en contra. Y luego estaba la tentación de que, ostentando ella el poder, podía mejorar las cosas...



Se acercó a él y le volvió a mirar a los ojos. No había contemplado una sonrisa más bella en su vida. Sus ojos no eran grandes, más bien achinados, pero sí muy expresivos. Era alto y delgado. Con su uniforme de trabajo de un plata brillante ajustado como un guante, y su capa dándole la majestuosidad que no tenía su rey, a pesar del título.
-Buen trabajo Escarcha
-Con este paisaje no es difícil...
-¿Dónde está tu princesita?- preguntó arrepintiéndose enseguida
-¿Y tu rey? -preguntó a su vez él. Con su mirada se dijeron que era mejor dejarlos aparte.
Silencio.
-Me da pena tener que cubrir de nieve tu obra...
-Pues no lo hagas -dijo él en tono desafiante...
-¿Y qué me sugieres que haga entonces?
-Pasea conmigo. A partir de ti habrá nieve pero a mi derecha continuará la escarcha
-Y hasta donde vamos a llegar...
-Hasta donde tú quieras, reina...
Sus pasos continuaron sin darse cuenta hasta lo mas profundo del amor. Se contaron sus verdaderos sueños e imaginaron el mundo de otra manera, más cálido para todos.

Hoy han quedado para fugarse juntos. Por una vez van ha hacer caso al corazón y cambiarán su supuesto deber por aquel que les marca su alma.

A partir de aquí ya sabéis lo que pasa. Ya estáis notando las consecuencias. El rey Hielo y la princesa Carámbano han caído en una depresión y se les olvidó visitar los Polos.
La temperatura del mundo ha subido.
Hay cambio climático.
Y, ¿quién sabe? quizá Escarcha y Nieves nos sorprendan cualquier día con una revolución silenciosa y ecológica.


(Si alguien no tiene bastante imaginación para ver el paisaje que describo puede ver la foto inspiradora de este cuento en el blog de Escalambrujos:
Las dos fotos que he puesto son mías de hace justo un año, en Ordesa, cuando comencé a trabajar en esto del medio ambiente. Quisiera dedicar este cuento a un amigo para quien, hoy, es un día especial. Y si alguien se queda con ganas de ayudar a Escarcha y Nieves en su revolución ecológica ya sabes: Manos a la obra. A Obama también le decían de pequeño "una sola persona no puede cambiar nada" Afortunadamente no les creyó o al menos lo está intentando.)


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