"Viaje al interior de tu alma"
por Daniel Goñi Martinez
Atención: PARA LEER ESTO HAY QUE PONER EN EL APARATO DE MÚSICA EL "CONCERTO GROSSO OP.N.3 EN DM" DE MANFREDINI.
(o pincha en el nombre del concierto o ves al enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=EGViLJYP5mo)
¿Ya lo has hecho? Entonces empieza:
por Daniel Goñi Martinez
Atención: PARA LEER ESTO HAY QUE PONER EN EL APARATO DE MÚSICA EL "CONCERTO GROSSO OP.N.3 EN DM" DE MANFREDINI.
(o pincha en el nombre del concierto o ves al enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=EGViLJYP5mo)
¿Ya lo has hecho? Entonces empieza:
Un día me disfracé de nota musical. Me metí en un disco de Manfredini y me instalé en el Concerto Grosso nº3 en Do Mayor.
Allí estaba, cuando puso el disco una persona. Era una mujer de veintisiete años, pelo largo y castaño, complexión ancha, cara redonda, los ojos despiertos y las comisuras de los labios casi siempre alejadas entre sí.
Mientras sonaba la música me vi expulsado por los altavoces y cabalgando sobre las ondas hercianas me introduje, a través de sus oídos, en el interior de su alma.
Íbamos muchas notas y todas entrábamos directamente a lo más profundo del alma. Entonces ocurrió algo que me dejó flipado. Comprendí que estaba en aquel lugar, en las profundidades del alma, contemplando lo que para mí, hasta entonces, había sido uno de los mayores misterios del mundo. Siempre me había preguntado qué y cómo sería el alma de una persona, y ahora yo estaba allí.
Lo más profundo del alma era el lugar más luminoso en el que había estado nunca. Las notas, que entrábamos directamente, íbamos todas a parar al mismísimo centro, en medio de todo aquel grandioso y enorme espacio iluminado, donde estaba aquello que yo tantas ansias tenía de describir: Era una máquina. Una máquina de hacer "buen rollo". Las notas entrabamos en aquella máquina que nos utilizaba como lubricante y trabajaba mucho más rápido según entrábamos.
Lo más impresionante fue cuando vi de qué estaba hecha la máquina. Absolutamente todas las piezas de la máquina estaban hechas de sonrisas. Eran las sonrisas que había recibido la mujer a lo largo de toda su vida, y eran cientos o incluso miles. Y de esta manera, el "buen rollo" salía de la máquina y se extendía por todo y a través de todo.
Cuando acabo la música nos fuimos de allí, pero para salir había que pasar por un lugar que se llamaba memoria. Allí nos hacían una foto que guardaban en un almacén gigantesco en el que tenían todas las músicas que habían entrado y muchas cosas más.
Cuando comenté, impresionado, aquello con el resto de las notas, me dijeron que era una cosa normal. Que ellas habían estado en cientos o incluso miles de almas y que, en lo más profundo, todas eran iguales, con su máquina de "buen rollo" hecha de sonrisas.
Ahora que ya me quité el disfraz de nota y escribo aquello que me ocurrió, pienso que vivo en un mundo en el que hay cerca de seis mil millones de máquinas como esa y siento vértigo al pensar, hasta donde podríamos llegar, si las pudiéramos poner en contacto de alguna manera.
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*Ahora, que debe estar volando de regreso de Bruselas, es un buen momento para compartir con vosotros a mi autor favorito, al que tengo una sana envidia: él si es un verdadero artista multidisciplinar con número de SGAE y todo. Con discos y libros publicados. Este cuento me parece una pequeña maravilla que no puede, de ninguna manera, quedar en el limbo de los cuentos que nunca fueron leídos más que por un lector en exclusiva (en este caso la afortunada hasta hoy había sido yo) Me niego a contar la larga historia de censuras a que me ha sometido mi querido portátil antes de poder pulsar la querida tecla naranja de PUBLICAR ENTRADA. Pero a perseverante nadie, y menos un simple ordenador, me gana. "Por amar y dejarme la piel/ nunca pediré perdón" dice Ana Belén en su disco "Mirame"
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